A mí tampoco me gusta la sopa.

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Algún día me sentaré a analizar quién me enferma más: si Susanita o la sopa.

- Mafalda

La niña a la que no le gusta la sopa (como a mí) sacó a pasear el logo de Social Trending Argentina por todo Buenos Aires, gracias a un proyecto que nació en Barquisimeto y se expandió -con efervescencia- al cono sur.

De la mano de gente talentosísima estamos llevando a cabo el primer entrenamiento online para Community Managers. Son tres meses de formación en línea donde los participantes viven la experiencia real de gestionar marcas digitales. En Venezuela nos acercamos a la tercera cohorte y en Argentina estrenaremos la primera en pocos meses.

¡Estoy contentísima! Orgullosa, entusiasmada y muy muy feliz.

Observar cómo pueden materializarse los sueños con ahínco y tesón es de esas sensaciones indescriptibles. En ese instante, el trasnocho, las negativas propias del mundo publicitario y los enfrentamientos que se viven a diario en mi país, no tienen la menor importancia.

Sin lugar a dudas, ¡tengo al mejor equipo del mundo!

Distinguir.

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IIustración: @Caffetina

Se trata de distinguir lo que vale de lo que no vale la pena.

- Jorge Drexler

Me observo, todos los días me observo, y descubro -irremediablemente- cosas nuevas que terminan formando parte del inventario de adquisiciones inoportunas: una cana, un diminuto pliegue cerca de la comisura de los labios, una meta pospuesta, un deseo silente, una miopía recurrente.

Las confronto.

Las miro de frente.

Sonrío, y observo una vez más.

Tengo una nueva cana y un insensato pliegue cerca de la comisura de los labios, una meta alcanzada, una visión diferente y un deseo que conversa a gritos con el mundo.

He distinguido lo que anhelo de lo que no.

Lo que me pertenece de lo que no.

Lo que vale la pena de lo que no.

Y esto es, precisamente, de lo que trata la vida: observar, reír, distinguir, avanzar.

Gracias por el consejo en forma de canción.

La importancia de un buen dossier musical en Redes Sociales.

110H

Esta semana he tenido que armar un significativo número de entradas relacionadas al ámbito musical venezolano en Barquisimeto.com

La tarea no ha sido nada fácil.

¿La razón? La escasez de información que bandas, dj’s y agrupaciones musicales cuelgan en sus redes sociales. En contraste, he observado que la mayoría de los perfiles dejan ver una procesión de álbumes (amateurs, en su mayoría) y enlaces a cuentas como Bandcamp o Soundcloud.

Si bien es cierto que la mejor carta de presentación de los músicos es -aunque suene redundante- su música, tampoco podemos dejar a un lado las siguientes consideraciones:

1.- Aunque seas muy famosos para algunos, serás un completo extraño para otros.

2.- Si vives quejándote porque los medios de comunicación no reseñan tu trabajo, pero tampoco dedicas tiempo y esfuerzo a redactar una biografía “decente” y publicarla en RRSS, y peor aún, dejas en el anonimato un enlace de contacto (teléfonos, web oficial, email), déjame decirte que ni siquiera Walter Mercado podrá pautar una entrevista contigo.

3.- Invierte en una sesión de fotos (o al menos, comparte algunas imágenes en alta resolución). Las fotografías amateurs conectan con el público, pero es importante mostrar una cara profesional al mundo entero. Nunca sabes quién te puede estar viendo.

Las cosas no caen del cielo. Hay que dejar la puerta abierta para que alguien se interese y pueda tocar. Así, como ustedes lo hacen en tarima. Así, como otros lo hacemos desde el teclado.

A cierta gente le cuesta trabajo explicar el Rock & Roll. No creo que cualquiera lo pueda explicar. Quizá Pete Townshend. Pero está bien. El Rock es una forma de vida y una manera de pensar. No se trata del dinero y la popularidad, aunque un poco de dinero no estaría mal. Pero es una voz que dice: “Aquí estoy y jódanse si no me entienden”. Y una de estas personas va a salvar el mundo. Eso significa que el Rock & Roll puede salvar el mundo, todos juntos. Pero lo más importante es esa cosa, esa cosa indefinible: cuando la gente capta algo de tu música.

- Almost Famous

Puedes leer más en:

El marketing musical en la era Do It Yourself.

Algo parecido al alivio.

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Se siente algo parecido al alivio cuando uno vuelve a ser una persona, otro más, uno que pasa la tarde hablando de su vida con otro ser humano, así no sea tu mejor amigo, compartir el espacio y el tiempo con otro ser. No es que con cada conversación uno cuente todos los detalles de su existencia, pero es distinto cuando se despierta al hecho de que estás hablando con una persona, no con un uniforme o un peinado. Tal vez para eso escribimos, o para eso mandamos señales al espacio, o para eso el arte, o para eso hacemos una llamada; para hacer contacto, contacto con seres inteligentes y sensibles que nos reconozcan en toda nuestra dimensión. Tal vez buscamos en el otro, en ese contacto, la confirmación de nuestra existencia. Tal vez vemos demasiada televisión o pasamos demasiado tiempo en internet engañando la soledad mientras nos engañamos a nosotros mismos con un título, con una etiqueta o un montón de protocolos sin contenido.

- Harry Marín

Se siente algo parecido al alivio cuando uno vuelve a escribir sobre lo que realmente le apasiona.

Cuando ríe.

Cuando llora.

Cuando baila a escondidas.

Cuando baila en público.

Cuando recuerda que la poesía es un método de supervivencia voraz.

Cuando deja de hacerse el-sú-per-hu-ma- no y siente. Sólo siente.

Cuando camina tranquilo, sin máscaras ni poses.

Cuando lee.

Cuando lee a alguien en la distancia y sonríe.

Cuando grita.

Cuando salta.

Cuando tiene sexo (no siempre en el mismo orden).

Cuando toma café.

Ese es, sin lugar a dudas, el alivio más poderoso. Y proviene de lo básico, de lo simple, de lo real.

 Tal vez habría que hacer, como dijo otro de mis grandes amigos, un pacto honesto con la soledad, y desde ahí acercarnos sin tanta máscara, sin tanto maquillaje ni pretensiones. Tal vez.

Demasiado tarde.

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Días después le vinieron a la mente las palabras que debió haber dicho. Por algún motivo, las palabras adecuadas siempre llegan demasiado tarde.

- Haruki Murakami en ‘Los años de peregrinación del chico sin color’.

Hoy es un día feriado en Venezuela, y por ende, he tenido algunos momentos de calma para prestarle atención a esa vocecita interna que suelo callar con el ruido de las cornetas, el iPod o el teclado de mi computador.

Me he permitido sentir:

la algarabía

la responsabilidad

y el miedo

que tantos compromisos repentinos han generado en mi mente durante los últimos meses. Pero sobre todo, me he dado un abrazo de felicitación frente al espejo por atreverme a seguir adelante con mis sueños y mis metas, sin prestarle demasiada atención a las inseguridades del entorno y su constante pesimismo.

Y es que como bien dice Murakami, “por algún motivo, las palabras adecuadas siempre llegan demasiado tarde”. Sin embargo, estoy convencida de que esas que escribo a diario son, justamente, las más correctas y oportunas de toda mi vida.

Nunca será lo suficientemente tarde para escucharnos.

La grandeza de lo simple.

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Debo confesarlo: soy una persona repleta de manías. Y ellas, tan intrusivas como siempre, permean el espacio digital donde me desenvuelvo.

Mi blog no es la excepción.

Desde que me mudé -por enésima vez- a WordPress he intentado familiarizarme con alguna plantilla que se adaptara a los cambios personales y profesionales que me han acompañado desde principios de año. Opté por un diseño que destacase los proyectos gerenciales que dirijo 24/7. El theme elegido fue Illustratr. Sin embargo, no cubría mis expectativas. La tipografía me parecía muy burda y CADIVI no me dejaba adquirir vía Paypal la opción personalizada (30$).

Pero eso no era lo peor.

Al revisar las estadísticas de WordPress y Google Analytics me percaté del escaso tiempo que los visitantes de mi web le obsequiaban a la página de inicio. La mayoría iba directo al blog, es decir, directo al contenido.

Esta situación me hizo reflexionar sobre la grandeza de lo simple. A veces queremos vestirnos de gala para una ocasión especial. Invertimos tiempo, dinero y esfuerzo en seleccionar el mejor atuendo, los accesorios más elegantes y el labial de ensueño que combine con nuestra personalidad. Pero olvidamos lo más importante: la fiesta, la gente, las ganas de compartir. Así pasa en redes sociales. Así pasó con mi blog. Me concentré tanto en decirle a otros lo que hacía, que se me olvidó mostrarlo con hechos. Elegí los zarcillos, el perfume, el vestido, los tacones, la cartera, el rímel y el labial cereza, pero no socialicé ni bailé. Tampoco reí y mucho menos conocí gente nueva.

Y es, justamente de eso, que respiran las pequeñas cosas.

Los espacios, los momentos.

El blogging.

La vida.

Somos un constante ensayo y error.

Las buenas noticias, en la mayoría de los casos, se dan en voz baja.

- Haruki Murakami

5 errores que he cometido en redes sociales.

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Este juego de la identificación personal resulta inevitable en el mundo mediático donde rige la economía de los nombres propios.

- Del libro “La quinta columna digital”

Todos hemos cometido errores en Internet. Algunos son muy tontos y banales, mientras otros, parecen ser difíciles de olvidar.

Sin embargo, hemos aprendido la lección: no repetir -bajo ningún concepto- las equivocaciones provocadas por nuestra falta de experiencia e ingenuidad (en el mejor de los casos). Es por eso que hoy me he atrevido a enumerar cinco de los peores errores que he cometido en redes sociales. ¿Alguno de ustedes me acompaña en esta vergonzosa confesión?

Aquí va la mía:

1.- Creer que Twitter es mi querido diario: la línea que divide la vida privada de la pública se llama discreción. Y eso va mucho más allá de 140 caracteres y una selfie en Instagram.

Hay que procurar cuidar nuestro espacio íntimo de los 15 minutos de fama Warholianos.

2.- Favear todos los mensajes que me gustan como una loca compulsiva (lo siento, eso aún lo hago).

3.- Responder una acotación absurda: pelear en RRSS es de las acciones más innecesarias para cualquier ser humano. La calle, el ruido, la gente y los carros siempre van a estar esperando por nosotros en la vida real. Las discusiones también.

4.- Olvidar bloquear las cuentas spam (y recibir más de veinte notificaciones innecesarias en el celular).

5.- Hacer catarsis virtual: un post jamás superará a un buen amigo y un café. Hay que tener autocontrol (y vida propia).

No debemos rechazar lo virtual identificándolo con lo falso o engañoso, porque se halla inscrito en los genes de nuestra cultura de la representación. El problema surge cuando lo virtual se convierte en nuestro objetivo y nuestra esperanza, esto es, cuando adoptamos una filosofía virtualista a ultranza, una de las derivaciones del digitalismo tecnohermético, es decir, cuando proclamamos: «deseamos desmaterializar el mundo y creemos que la representación puede ser incluso mejor que la representación misma».

- Cibergolem. La quinta columna digital.

A la orden en @BelkisAraque.